¡Buenos días!
Hace unas semanas colaboré como modelo en la campaña de primavera de las Tiendas Solidarias de Piel de Mariposa y, desde entonces no he dejado de pensar en todo lo que hay detrás de esta iniciativa.
Por eso, en el post de hoy quiero contarte qué es exactamente la llamada piel de mariposa y cómo estas tiendas están marcando una diferencia real en la vida de muchas personas.

La piel de mariposa, cuyo nombre médico es epidermólisis bullosa, es una enfermedad genética rara y, actualmente, sin cura, que provoca una extrema fragilidad en la piel.
Para entenderlo de forma sencilla: la piel de quienes la padecen es tan delicada como las alas de una mariposa, y el más mínimo roce puede provocar heridas y lesiones dolorosas.

Pero no se trata solo de la piel externa. En muchos casos, también afecta a mucosas internas y convierte gestos tan simples como comer o moverse en auténticos desafíos.
Detrás de esta definición hay niños y adultos que conviven con el dolor constante, con curas diarias que pueden durar horas y con limitaciones físicas y emocionales. También hay familias que se convierten en cuidadoras, en apoyo emocional y en pilares imprescindibles para sostener una realidad tan exigente.

Y aquí es donde entran en juego las Tiendas Solidarias de Piel de Mariposa.
Cuando me propusieron participar en su campaña de primavera de 2026, no dudé en unirme a la sesión de fotos. Había escuchado algún podcast sobre esta enfermedad, pero desconocía el impacto que tienen estas tiendas.

Te lo cuento por si tú tampoco lo sabes.
Estos comercios funcionan gracias a donaciones de ropa, complementos y otros artículos en buen estado, y todo lo recaudado se destina a apoyar a las personas con piel de mariposa y a sus familias. Se financian investigaciones médicas, materiales para las curas y el apoyo psicológico.

Aunque pueda parecer un gesto pequeño, comprar en sus tiendas impacta en la calidad de vida de quienes conviven con esta enfermedad.
Sinceramente, creo que vivimos en un momento en el que estamos más informados que nunca, pero también más saturados. Hay tantas causas, tantas necesidades, que a veces no sabemos dónde mirar o cómo implicarnos.
Por eso valoro tanto iniciativas como esta: porque hacen que implicarse sea sencillo. Basta con acercarse, donar aquello que ya no usamos o elegir comprar de forma más consciente.

Me gustó mucho participar en esta sesión de fotos: el equipo fue muy amable y sabía lo que quería transmitir con la imagen. Además, me fascinó la falda vaquera creada por Ana Almenara a partir de pantalones en desuso, combinada con plantas de San Jorge Decoración Verde.
Sin duda, considero que la imagen final une muy bien creatividad, sostenibilidad y solidaridad.

Foto: Marina Turrión.
Si tienes la oportunidad, te animo a acercarte a una de estas tiendas, a donar ropa o simplemente a informarte más sobre la causa. A veces, los gestos más sencillos son los que realmente marcan la diferencia.
¡Feliz comienzo de la semana!